
Por: Evelin Espinosa
Durante casi diez años, Juan Manuel Torreblanca cargó con un grupo de canciones que no terminaban de encontrar su momento para salir. Algunas fueron escritas alrededor de 2016, atravesaron tropiezos, pausas y hasta una pandemia, mientras la vida del músico también cambiaba.
Ahora, aquellas composiciones comienzan a salir del rincón en el que, como él mismo describe, permanecieron “arrumbadas” durante años y para el musico, finalmente dejar salir esas canciones resulta tan emocionante como aterrador.
“Para mí ha sido muy emocionante, sanador y bello. Pero, por otro lado, también es algo espeluznante y terrorífico, porque muchas canciones tienen ya diez años; el disco tuvo un proceso con muchos arranques, tropiezos, frenones, baches y demás hasta la pandemia”, contó en entrevista con Ídolos.

Torreblanca es un cantautor mexicano que desde finales de los años 2000 encabeza el proyecto musical que lleva su apellido y con el que ha publicado discos como Bella época y El polvo en la luz. Su trayectoria también se ha cruzado con el teatro y con otros músicos de la escena independiente; entre ellos Carla Morrison, con quien trabajó en Déjenme llorar, álbum reconocido con el Grammy Latino.
Después de años de construir esa carrera entre canciones y escenarios, ahora el músico vuelve sobre una parte de su propia historia que había quedado pendiente: Protocolo de caídas, un material dividido en tres actos que lo enfrenta no sólo con lo que escribió hace casi una década, sino con la persona que era entonces.
“Siento que se quedó arrumbado en un rincón, esperando un mejor momento para salir, pero el mejor momento nunca llega”, reconoció.
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¿Por qué Torreblanca tardó casi 10 años en lanzar ‘Protocolo de Caídas’?
El tiempo no sólo envejeció las canciones. También cambió la manera en que el artista las escucha y la relación que mantiene con su propio trabajo.
Publicarlas poco a poco se convirtió en una forma de desprenderse de una carga que había conservado durante años y, al mismo tiempo, reconocer el trabajo de quienes participaron en ellas.
“Ahora que ya se está publicando poco a poco, también es un alivio enfrentar, aunque sea con la torpeza que uno pueda, ese miedo e ir soltando la carga de ya no tener todo ese material guardado, sin que pueda respirar y sin honrar también los esfuerzos de toda la gente que participó”, explicó.
Detrás de esa demora también hubo una batalla menos visible: la inseguridad sobre su propio trabajo. El ganador del Grammy latino reconoce que durante su proceso creativo ha tenido que enfrentarse a las dudas, la mala autoestima y esa sensación de no estar haciendo las cosas suficientemente bien que suele asociarse con el síndrome del impostor.
“No sé de dónde viene tanta inseguridad, la mala autoestima, las dudas o la dificultad para creer que uno puede hacer un buen trabajo en el arte”, señaló.
A ello se sumaron distracciones mucho más cotidianas. Para el músico, los teléfonos, las plataformas y los algoritmos han hecho todavía más sencillo posponer aquello que uno debería estar haciendo.
En su caso, esa combinación entre inseguridad y procrastinación podía terminar alejándolo precisamente del trabajo que necesitaba hacer para sentirse mejor con lo que creaba.
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Pero reencontrarse con las canciones después de tantos años también terminó dejándole una lección.
“Creo que estos años y escuchar esta música después de todo ese tiempo me obligan también a considerar que vale la pena tomarse las cosas, por un lado, más a la ligera y, por otro, más en serio”, dijo.
Tomarse la vida más en serio, para Torreblanca, significa dedicar el tiempo que le queda a aquello que ama. Hacerlo más a la ligera implica desprenderse de la necesidad de que cada cosa sea perfecta.
Ese cambio también alcanza la manera en que mira Protocolo de caídas. Aunque las canciones nacieron de experiencias personales y pertenecen a distintos momentos de su vida, no quiere imponer al público una interpretación ni convertir el álbum únicamente en el relato de aquello que le ocurrió.
Una vez afuera, espera que esas canciones puedan dejar de pertenecerle un poco y convertirse en un espejo en el que otras personas encuentren sus propias experiencias.
El teatro, otra de las disciplinas que han acompañado la trayectoria de Torreblanca, terminó encontrando también un lugar en el proyecto. El músico decidió dividir Protocolo de caídas en tres actos, en lugar de presentar sus canciones únicamente como sencillos aislados.
Todavía quedan piezas de aquella historia por salir del cajón. Torreblanca pretende publicar el material completo antes de que termine el año y, al tratarse de un proyecto independiente realizado con un equipo pequeño, también contempla llevarlo al escenario con algunas presentaciones cerca de la Ciudad de México.

