
La banda sigue sus festejos de aniversario
Fotos: Brandon Díaz de León
El pasado 31 de enero, Molotov se presentó en el Palacio de los Deportes ante un sold out que ellos mismos calificaron como legítimo y no “payoleado”; presentación que se unió a los festejos por sus 30 años que desde 2025 han celebrado con distintos conciertos alrededor de la República mexicana.
Luego de la banda abridora, los también ya legendarios Resorte, Molotov salió al escenario con la actual alineación que incluye al polifacético Jay de la Cueva (quien además fuera integrante del grupo en sus inicios), además de uno de los invitados para este concierto, Pato Machete, quien acompañó a Micky Huidobro, Paco Ayala y Randy Ebright para tocar por más de dos horas los temas que la banda ha convertido en himnos de una generación.

Con una producción visual que es digna de mencionar, Molotov se encargó de emocionar a sus fans, quienes no dudaron en convertir la pista del Palacio en el mosh pit ideal, además de levantar de sus asientos al público que se encontraba en gradas.
El setlist incluyó los grandes éxitos de la banda, como “Amateur”, “Chinga tu madre”, “Rastaman-dita”, “Que no te haga bobo Jacobo” y dos versiones de “Me convierto en marciano”, mientras que en “Here We Kum”, “Noko”, “Dance and Dense Denso” y “Voto Latino” contaron con una aclamada participación de Tito Fuentes, integrante original de la banda y quien ha pasado por un intenso proceso de rehabilitación que le ha impedido continuar como miembro activo del grupo.
Un concierto como el de Molotov, además de celebrar las irreverentes y creativas letras de la banda, también funciona como un espacio para reflexionar sobre la evolución de una sociedad y su relación con los productos culturales. Si bien es cierto que la banda ahora puede ser cuestionada por los más jóvenes sobre algunos temas de sus canciones, lo cierto es que a veces dentro de esa crítica se olvida contextualizar los sucesos alrededor de un fenómeno musical como este.
Molotov, desde sus inicios, fue una banda que incomodaba a ciertos sectores y tanto sus letras como sus portadas (por ejemplo la del ¿Dónde jugarán las niñas?), además de las declaraciones de sus integrantes, sí tuvieron (en su tiempo) algo de contracultural. Además de ello, lo que es innegable, es que muchas de sus letras cuestionan y critican aspectos sociales y políticos nacionales e internacionales, como “Frijolero” y el tema de la inmigrantes mexicanos en EE.UU., “Gimme the Power”, “Hit me” o “No olvidamos” sobre la política de nuestro país, “Amateur” y el negocio de la industria musical, y hasta el caso de “El señor del banco”, una fiera crítica a la esclavitud moderna llamada deuda.


Lo que puede observarse en un concierto de una banda tan longeva como esta, que además ha afrontado diversos cambios que (a veces) abogan por una sociedad más tolerante e incluyente, es que canciones como las mencionadas siguen teniendo espacio y vigencia ante un país que, al parecer, continúa con las mismas problemáticas; sin embargo, y esto también es innegable, es que las críticas a su obra a veces parecen tener cabida y se antojan necesarias e inevitables, sobre todo en casos en que sí, el discurso comienza a notarse anacrónico, como en canciones como la ahora (un tanto) polémica “Puto”.
Lejos de las apreciaciones morales que pueden hacerse sobre la música, lo cierto es que Molotov sigue emocionando a sus fans y sigue demostrando que, a pesar de todo, el lugar que tiene en el rock mexicano lo ha ganado a pulso, ya sea por la ejecución de su música (Randy es un baterista excepcional), por la denuncia social en algunas de sus letras o por permitirse seguir siendo ellos mismos (con todo lo que implica) en una industria que premia a quienes siguen las tendencias más redituables.


Como sea, ver a un grupo de músicos que se divierten tocando, que celebran su trayectoria y que conectan con varias generaciones, sigue siendo un momento único, en el que la música logra que sublimemos las mejores y peores emociones. ¡Felices 30 a Molotov!
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